I
Amor, no vengas de la mano de la locura
No traigas más dolor a los hombres; te crees poderoso,
Atacas nuestra debilidad, te diviertes con nuestra estupidez;
Te presentas con la apariencia de un Dios pagano, te elevas a las alturas
esperando que te rindamos pleitesía y, nosotros, pobres mortales, te adoramos
lanzándonos al abismo de la desesperación.
II
Felicidad, bruja embustera que a los hombres engañas,
Nos regalas los oídos con promesas imposibles
Enturbias el poco seso, nos vuelves locos, mientras nosotros…
ajenos a tus tretas, nos autodestruimos sintiéndonos dichosos.
III
En un rincón de la memoria encontramos la paz,
Los recuerdos de una vida pasada, otrora feliz, acuden a nuestros ojos,
salen al exterior y se convierten en lágrimas; fragmentos de alma líquida que
se evaporan en contacto con el aire contaminado, aire corrompido por la rutina y el tedio;
por el pasar del tiempo, por la vida que fue y que no supimos aprovechar.
IV
El tiempo es una bestia despiadada
Oculta sus garras, manecillas del reloj de paso firme y elegante.
Y mientras, el hombre, parece ajeno a su suerte, marioneta de la vida en un escenario antiguo, que espera, con resignación, que caiga de nuevo el telón.
V
Oh muerte!
Única verdad de esta triste vida,
Dama de negro que buscas nuestro final
Avanzas despiadada cortándonos las alas
Nublas nuestros sentidos con melodías silenciosas
Y, cuando menos lo esperamos, nos cubres con tu manto
para descansar al fin.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario